miércoles, 15 de abril de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
Alabar a Dios
No me logro imaginar qué tan grande es Dios. Pero en el primer capítulo de Nahum hay un dato que no debe pasar inadvertido: Las nubes son el polvo de sus pies.
Cuántas toneladas cúbicas de agua puede andar vagando por los cielos de todo el mundo. No se puede saber. Así de grande es Dios. Así de inmenso.
Muchas veces cuesta concentrarse en la adoración, y hay personas que llegan a creer que adorar es levantar las manos, cerrar los ojos, llorar, y cantar a todo pulmón. Pero yo no creo que sea de esta manera. Todo lo anterior son apenas pequeñas manifestaciones de un adorador, que pueden variar de una a otra persona, y de un momento a otro.
Entonces, ¿qué es adorar? Pues la Biblia usa diferentes acciones en todo lo extensa que es, para decirnos qué es adorar a Nuestro Rey y Salvador: Regocijáos, Alégrense. En los salmos encontramos poemas preciosos, de lo mejor que se ha escrito en la historia completa. Y es en el final de este libro donde se nos da un resumen de lo que es alabar:
Dice, en síntesis, alabarle por todo lo grande que es, con todos los medios que tengas disponibles. Textualmente: Alabarle por sus proezas, alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Conforme a la muchedumbre de su grandeza. Pues cómo hacerlo si ni siquiera puedo imaginarme qué tan grande es Dios. Respuesta: Investigando. Metiéndote con Dios todo lo que puedas. Escudriñar la Palabra y buscarle en oración. Llenarse de pasión.
Yo, particularmente, tengo un método que conocí de uno de mis mejores amigos: Ver al cielo. Cuando lo haces, te pones a pensar que Dios preparó ese momento para ti. Que es tan grande, tan inmenso, tan inacabable, como el cielo que se oculta tras esas montañas. Que está tan presente como la brisa que te acaricia, como los rayos del sol disolviéndose, como el pájaro que vuela solitario. Ver al cielo, es intentar ver a Dios. Y no sólo al Cielo. Una de las grandes razones por las que se están perdiendo nuestros recursos naturales, es porque ni nos tomamos el tiempo de admirarlos. Un árbol. Una flor. Un bebé. Un gato. Una piedra. Una nube. Las montañas. La playa. Dios está presente. Dios está a tu lado en este momento mientras lees esta nota. Y cuando comprendes que está aquí, y que te ama como nadie te ha amado, amarle, alabarle conforme a la muchedumbre de su grandeza, es un poco más fácil.
Y, ¿sabes qué es lo más increíble? Que está sensación se renueva; tan cierto como que cada amanecer es diferente, y cada atardecer es único y especial. Dios está aquí, y tú puedes adorarle con tu corazón, con tu comportamiento. Puedes darle gloria siendo el mejor de tu clase, siendo el mejor en tu trabajo. Adórale, porque Él es grande. Amén.